Los Números de la Felicidad
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En una encuesta recientemente publicada por varios diarios nacionales, se afirma que, según encuestas, la Clase Media mexicana es una clase satisfecha por su posición.
Quiero aprovechar este artículo para comentar sobre una más de esas técnicas que se usan tanto por los medios, como por el gobierno para “matizar” la realidad del país. Esta, también, es una técnica perfeccionada en el extranjero, y que parece haberse convertido en una las favoritas en nuestro país en los últimos años. Consiste en comunicar, con bombos y platillos, resultados de encuestas sorpresivos, en general positivos para el gobierno, y que confirman claramente que la gente en el país piensa como el gobierno y los medios dicen (y quieren) que piensen.
Ahora, ¿cómo funciona esta estrategia, la cual no podemos darnos el lujo de cuestionar sin el riesgo de ser acusados de anti-democráticos y de querer manipular la “verdadera” percepción ciudadana? Es sencillo, no se trata de mentir en los números (no que eso no se haya hecho antes), sino más bien de alterar un poco la metodología para obtener los resultados que buscamos. Digamos que es una versión un poco mas sutil (pero no mucho), de esas ridículas encuestas de Televisa o de los Noticieros de W FM, donde preguntan cosas como: hable y opine, ¿ústed cree que la Selección Mexicana debe ir al Mundial de Fútbol? -esto, en el contexto de un programa deportivo, donde el 99% de los espectadores son aficionados al fútbol-
Lo bello de esta técnica es que esta blindada contra cuestionamientos. Ahí están los cuestionarios reales, las respuestas no fueron pagadas, los números se sostienen ante el más intenso escrutinio. Y a final de cuentas, ¿quién lee esas especificaciones técnicas al final de las encuestas, todas llenas de números y lenguaje sobre algoritmos y márgenes de error? Es más, la mayoría de los noticieros y diarios, al publicar los resultados de una encuesta, o hacer referencia a ella, no mencionan esos datos tan estorbosos.
Pero retornando a la encuesta mencionada al inicio de este artículo. Para poder definir si la “clase media” mexicana es feliz, primero hay que definir tanto quienes son parte de esa clase, como lo que significa estar satisfecho.
En el primero de los casos se utilizó una estadística del gobierno mexicano, que define a la Clase Media, como “aquellos hogares que ganan arriba de 4,200 dólares anuales”. Para ponerlo en términos desnudos, con un tipo de cambio de 12 pesos (jajajaja), un hogar mexicano que ingresa 4,200 pesos al mes es considerado clase media, sin importar el número de hijos que tenga, o si tiene otros dependientes, como padres viviendo con ellos. Les volteo la pregunta a ustedes lectores: ¿creen que eso es clase media? De pronto las estadísticas que tanto pregona el gobierno tienen más sentido. Somos un país donde, es cierto, mas del 40% de la población esta por debajo de la línea de la pobreza, pero con una clase media estable y que no se está reduciendo demasiado rápido.
Bueno, ya habiendo definido quienes con la Clase Media, ahora veremos como se evaluó la satisfacción de sus miembros. En particular, se realizó la pregunta: “Se considera usted más satisfecho que los sectores que ganan menos que usted?” El resultado fue que 67% por ciento de la “clase media” en verdad se considera mejor que la clase inferior en ingresos. ¡!!!!!!!67%!!!!!!! Ante una pregunta de ese tipo, ¿cómo es posible que sólo 67% contestaran que sí? ¿Escucharon bien la pregunta? ¡Literalmente les preguntaron que si se consideran más satisfechos que la gente que es mucho mas pobre que ellos, y sólo 67% contestaron que si! Claro, este número, argumentaron los diarios es contundente. Los encabezados resultantes fueron: La clase media mexicana esta satisfecha con su posición social.
Ante eso, ¿quién se atreve a cuestionar que el gobierno esta haciendo las cosas bien? Sólo los cínicos y los catastrofistas. Así que la próxima vez que lean una encuesta, especialmente aquellas cuyos resultados cantan las bondades de las acciones gubernamentales y aquellas a las que los diarios den cobertura amplia, les recomiendo lean la metodología: seguro pasarán un momento de sano esparcimiento y de humorismo blanco.
Epílogo
Recientemente se le pregunto a David Axelrod, el “genio” detrás de la campaña de Obama, como es posible que su candidato hubiera vencido tantos obstáculos infranqueables (al menos según los analistas y el “Conventional Wisdom” de Washington). Su respuesta es muy informativa.
Axelrod contestó que una de las decisiones claves que les permitieron vencer a Hillary Clinton, a John McCain, e inclusive a la ola republicana contra el paquete económico de Obama, fue el haber mantenido su base de operaciones en Chicago. ¿Y eso porqué? Porque los partidos políticos, los medios, las campañas, argumenta él, empiezan a lanzar tantas encuestas, muchas con resultados previamente controlados, que el ruido de todos estos resultados comienza a convertirse para ellos en realidad.
En pocas palabras, crean sus propias mentiras, sus propios sistemas para manipular la opinión general, pero todo eso retorna a ellos y crea lo que el llama una “caja de resonancia”. Esa caja suena tan intensamente que los mismos políticos y medios que ordenaron las manipulaciones acaban creyendo que son ciertas. Si las encuestas dicen que son ciertas, y las encuestas son científicas, entonces son verdad.
Ellos, argumenta Axelrod, al quedarse en Chicago, siempre siguieron sus propias encuestas, y jamás hicieron caso de las “verdades inevitables” que cantaba la caja de resonancia de Washington. ¡Oh, sorpresa! Al final del camino, los que siempre llevaron el rumbo correcto eran “los de afuera” de la caja de resonancia.
Con esto en mente habrá que preguntarnos, si Washington con su infinidad de medios (muchos “independientes”) y visión globalizada puede convertirse en una “caja de resonancia” tan claustrofóbica que ciega a sus residentes de la verdad, ¿qué tan grande será la caja de resonancia de Los Pinos?
¿Será que la famosa “mecha corta” de Calderón, y su inexplicable intolerancia a la menor crítica son resultado de que “sus números” le dan la razón? Si este es el caso, es posible que estemos ante una nueva versión del antiguo clásico: el emperador paseándose con su “traje nuevo”.
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En los últimos años, muchos de los trabajos de antropología y sociología que circulan mundialmente han olvidado el concepto de clase. Aparentemente este concepto ya no es útil para explicar los fenómenos sociales contemporáneos, especialmente después de la caída del Muro de Berlín.
¿Será que los países pasaron finalmente a una nueva etapa de bienestar capitalista en el cual hablar de clases sociales es demasiado arcaico para comprender la realidad moderna?
Hay una explicación mas pragmática:
Desde hace cerca de 10 años, varias organizaciones internacionales, incluyendo el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, pero también otras como la CEPAL y la OIT han dejado de fondear toda investigación que base su análisis en nociones de clase. El argumento: “El utilizar un concepto como clase, trae consigo irremediablemente connotaciones de conflicto, de lucha, y otras nociones de índole Marxista.”
Como quien dice, si quieres recibir financiamiento real para tus investigaciones, sólo necesitas olvidar por completo que Marx jamás existió, y que reconozcas que todos somos iguales en sociedad, desde el indigente hasta el billonario. Que bella es la vida así, ¿no creen?
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